Vida y Obra de Mario Briceño Iragorry

4 de feb. de 2007

Mario Briceño Iragorry

Mario Briceño Iragorry, uno de los más importantes ensayistas venezolanos del Siglo XX, además de ser un gran historiador, escritor, diplomático y político. Nació en Trujillo el 15 de septiembre de 1897 y murió en Caracas el 6 de junio de 1958. Fueron sus padres Jesús Briceño Valero y María Iragorry.

Su infancia y juventud transcurrieron en tierras andinas, especialmente en las ciudades de Trujillo y Mérida. A los 12 años quedó huérfano de padre.

La primaria la cursó en su pueblo natal y el bachillerato en el Colegio Federal de Varones de Valera. En 1912 se trasladó a Caracas e ingresó ese año a la Academia Militar donde conoció al entonces futuro presidente Isaías Medina Angarita. En 1914 tras renunciar a la vida militar regresa a Trujillo donde ejerció el periodismo en las páginas de la publicación “Ariel” fundada por él.

Dos años después viajó a Mérida para seguir estudios de derecho en la Universidad de Los Andes, donde tuvo como compañeros, a Diego Carbonell, Mariano Picón Salas y Caracciolo Parra León. Allí conoció a Josefina Picón Gabaldón con quien contrajo matrimonio en 1923.

En 1919 se desempeñó como director de Política y encargado de la Secretaría del estado Mérida. En 1920, se graduó de abogado en la Universidad de Los Andes. En 1921 ingresa a la Dirección de Política Internacional del Ministerio de Relaciones Exteriores junto a Lisandro Alvarado, Jacinto Fombona Pachano y José Antonio Ramos. Para esa época, ingresó a la docencia en el liceo Andrés Bello del cual llegó a ser director. En 1921, publicó “Horas” y en 1922, “Motivos”.

En 1922 se convirtió en Secretario de la Cámara de Diputados. En 1922, viajó a Nueva Orleáns donde ejerció el cargo de cónsul de Venezuela desde 1923 hasta 1925. Cuando regresa a Caracas en 1925, recibió el doctorado en ciencias políticas en la Universidad Central de Venezuela. En este último año publicó “Ventanas en la Noche” e inició investigaciones de etnografía, lingüística y arqueología. En 1926, publicó “Lecturas Venezolanas”.

En 1927, retorno a Trujillo donde fue nombrado secretario general del estado, ejerciendo interinamente la presidencia del mismo. En ese mismo año, fue director de la Escuela de Ciencias Políticas de la Universidad Central de Venezuela y publicó “Ornamentos fúnebres de los aborígenes del Occidente de Venezuela”. En 1928, fue designado presidente del estado Carabobo y meses después, Secretario de la Universidad Central de Venezuela.

En 1930 publicó “La fundación de Maracaibo e Historia de la fundación de la ciudad de Trujillo”, cuyo título definitivo fue “Los Fundadores de Trujillo”.

Mario Briceño Iragorry se incorporó a la Academia Nacional de la Historia en 1930 y a la Academia Nacional de la Lengua en 1932. En 1936 se editó una de sus obras más sobresalientes, “Tapices de Historia Patria” y fue uno de los fundadores de la Asociación de Caballeros del Espíritu Santo, de la cual fue secretario. También en este año fue designado ministro plenipotenciario en Centroamérica, residenciado en San José de Costa Rica, donde actuó hasta 1941. Otros cargos públicos en los que se desempeñó fueron: la Dirección del Archivo General de la Nación (1942-1943), la Gobernación del estado Bolívar (1943-1944) y la Presidencia del Congreso de la República (1945).

A raíz del golpe de Estado que derrocó al gobierno de Isaías Medina Angarita el 18 de octubre de 1945, fue detenido y llevado preso al Cuartel de la Planicie. No obstante a los pocos días es liberado y se dedicó a ejercer su profesión de Abogado.

En 1946, Mario Briceño Iragorry recibió el Premio Municipal de Literatura por su obra “Casa León y su Tiempo”, y al año siguiente, el Premio Nacional de Literatura por su libro “El Regente Heredia o la Piedad Heroica”.

En 1949 fue designado como embajador de Venezuela en Colombia. Durante este período publicó una serie de libros que lo convirtieron en uno de los más importantes exponentes de la ensayística contemporánea de Venezuela. Algunos de esos títulos son: “Alegría de la Tierra”, “Vida y Papeles de Urdaneta el Joven”, “El Caballo de Ledesma”, “Los Riberas”.

Fue Cronista de Caracas, En 1951, apoya la candidatura de Jóvito Villalba para las elecciones presidenciales de 1952. Ante el desconocimiento por parte de la Junta Militar del resultado de dichos comicios se exilia en Costa Rica (1953) y Madrid (1953-1958). Una muestra de su obra apareció en la serie Obras selectas, de las Ediciones Edime 1954. En esos años estuvo madurando sus ideales políticos sobre el nacionalismo a través de diferentes publicaciones. En 1957, aparece su obra señalada como el libro “Síntesis de su Doctrina: Por la Ciudad Hacia el Mundo” donde anota:

“La realización del verdadero sentido universal del pensamiento del hombre no está reñida con el crecimiento de los grupos nacionales. El nacionalismo en su verdadera concepción ontológica no implica una posición antihumanista, así se intente confundirlo con las formas agresivas del nazismo alemán. El verdadero nacionalismo, como expresión de humanidad, reclama que se le mire sub specie universalis. El nacionalismo, y vale repetirlo una vez más, representa en el plano de la valoración colectiva, un modo de obrar la personalidad de los pueblos...”.

En abril de 1958 retorna a Venezuela, pero 2 meses más tarde muere. Los restos de este insigne venezolano yacen en el Panteón Nacional desde el 6 de marzo de 1991.

Descripción de sus Obras

Mario Briceño Iragorry afirma: “Inicié mis lecturas con profundo desorden, sin cuidarme de la preceptiva literaria, ni aun de las leyes del buen sentido, di en atiborrar mi cabeza de la más extraña literatura: Víctor Hugo, Schopenhauer, Voltaire, Diderot, Volney, Jovellanos, Humboldt, Queiroz y Vargas Vila. Hacían una mezcolanza extraordinaria en mi indisciplinada mente. A poco divulgaba en mi ciudad nativa las ideas atomizadoras de Federico Nietzsche, al mismo tiempo que rendía parias al pseudo misticismo de Amado Nervo”.

En “Horas”, “Motivos” y “Ventanas en la Noche”. Encontraremos cuáles eran las lecturas que animaban al joven intelectual, la visión que en el momento tenía del Hombre, la Historia y del Mundo, y finalmente la particularidad de su pensamiento religioso, punto que nos separará de lo que hasta ahora se ha venido pregonando acerca de su catolicismo. En estos libros, como en todos sus trabajos anteriores tendremos a un joven Mario Briceño Iragorry “abrazado a la emoción y la pasión en medio de una época que adopta al Modernismo como campo literario y al liberalismo romántico como concepción del pensamiento”.

En las páginas de “Horas” (1921) se dejan ver una serie de planteamientos que podrían ser identificados con un posible ideal cristiano en proceso de maduración, pero que efectivamente no era así. Un ideal cristiano que se formaría desde ese misticismo al que recurre Briceño Iragorry para expresarse. Sin embargo, podríamos decir que este cristianismo que aparentemente se deja ver es un arma de doble filo con la cual pretende levantar su voz crítica ante un dogma que se hace insuficiente para resolver la crisis de la humanidad. No acepta, como modernista, la realidad que lo rodea, en tal sentido asume otra concepción de la vida como consecuencia de su adhesión a una corriente idealista: “Que busca la verdadera realidad detrás de las apariencias, y así, a la certeza empírica del positivismo, oponen los modernistas la creación de un mundo distinto, ideal, al cual se penetra por medio de la imaginación; de esa aventura del espíritu se desprende un misticismo en la aceptación originaria del vocablo: “lo que incluye misterio o razón oculta”.

Mario Briceño Iragorry intenta “Crear ese mundo ideal que parte del modernismo”, y apoya la idea de que “Dentro del pensamiento burgués, la idea de igualdad llevada a su extremo lógico implicaría gravísimas consecuencias...”

En “Motivos” (1922) expresa: “Me pasa a mí algo parecido, todos los días siento más pereza para escribir sobre algún tema que no lleve en sí una idea de elevación espiritual o cerque un motivo religioso”. Reúne así un conjunto de motivos y de pequeñas reflexiones, 23 en total, en torno a temas espirituales, morales, de derecho y de justicia, pero con una unidad temática de la cual carecía el anterior. Está plenamente dedicado a su amigo Julio Sardi. Los textos que lo componen son de mayor profundidad filosófica, su “misticismo” se vuelve ahora más complejo. Pero sería bueno hacer un alto acerca de sus reflexiones en torno al tema de la muerte, ya que puede brindarnos nuevas pistas para entender el discurso y el pensamiento de Briceño Iragorry para 1922, y en consecuencia para el resto de su vida.

Comienza a ver a la muerte como una transición que ayuda al proceso de la renovación y purificación del hombre. Para Mario Briceño Iragorry “Sólo a través de la muerte puede afirmarse la vida. Para poder el Bien Morir hay que Bien Vivir”.

“Ventanas en la Noche” (1925) Es el texto que recoge las reflexiones de un Mario Briceño Iragorry que ha dejado atrás los años de la adolescencia, y que transforma el preciosismo modernista que caracteriza sus primeros escritos por un discurso más intenso, apasionado y “chocante”. Asume definitivamente el compromiso del intelectual latinoamericano que va a construir ese nuevo mundo que pregona en Motivos, y lo va a hacer desde la agonía, desde el dolor, desde la angustia y desde la soledad.

En “Tapices de Historia Patria” (1933) Briceño Iragorry expone conceptos nuevos y “defiende los valores de la cultura hispánica”. Escribió la auténtica historia de Venezuela, sin las omisiones con las que solía escribirse hasta su generación. Así pues, restituyó a la historia de Venezuela los tres siglos coloniales en los que descansan los fundamentos de la vida venezolana. Se dedicó por entero al estudio metódico de nuestro pasado y dice “me complace haber ayudado a la formación de nuevos conceptos para el juicio de la Historia Nacional”. Tal recuperación constituye la esencia de su ideario.

“Casa León y su Tiempo” (1946), fue producto “de una lenta y cuidadosa investigación en el Archivo General de la Nación”. Se trata de la historia del Marqués de Casa León “Maquiavélico personaje que a la sombra de realistas y patriotas jugó a la doble carta de la simulación y el oportunismo”. Es un libro donde se presenta “el examen de los orígenes económicos de la oligarquía criolla”.

“El Regente Heredia o la Piedad Heroica” (1947), tiende a exaltar la figura del Regente Heredia gran defensor de “la justicia en tiempos de ignominia”. Es un personaje simbólico. Fue escrito un poco “para pintar las virtudes contrarias a los vicios del hábil político Casa León”.

“Mensaje sin Destino” es su “obra más aleccionadora”. Se erige en maestro de las nuevas generaciones y se presenta como un sociólogo de primer orden.

Mario Briceño Iragorry confiesa que es un hombre idealista cuando dice: “el mundo de las ideas más que el mundo de los hechos ha sido la temática preferida de mi labor como escritor”.

Algunas de las publicaciones de Mario Briceño Iragorry son:

“Horas”

“Motivos”

“Ventanas en la Noche”

“Lecturas Venezolanas”

“Ornamentos Fúnebres de los Aborígenes del Occidente de Venezuela”

“Los fundadores de Trujillo”

“Tapices de Historia Patria”

“Casa León y su Tiempo”

“El Regente Heredia o la Piedad Heroica”

“Alegría de la Tierra”

“Vida y Papeles de Urdaneta el Joven”

“El Caballo de Ledesma”

“Los Riberas”

“Síntesis de su Doctrina: Por la Ciudad Hacia el Mundo”

“Relación Geográfica de la Provincia de Cuyas”

“Sentido y Ámbito del Congreso de Angostura”

“Sentido y Presencia de Miranda”

“La Tragedia de Peñalver”

“Introducción y Defensa a Nuestra Historia”

“Mi infancia y mi Pueblo”

“Patria Arriba”

“Temas Inconclusos”

“Mensaje sin Destino”, entre otros.